La metrópoli creativa de Europa: de lo clásico a lo alucinante.
Soberanos llegaron y se fueron, pero Berlín permanece, y ahora, más de veinte años después de la caída del Muro, está viviendo una etapa nueva y fantástica. Una capital creativa, El Dorado para los artistas de todo el mundo, una ciudad de ambiente, de moda, de diseño, de música, y mucho más. Si bien es en la arquitectura donde pueden verse con mayor claridad los cambios que ha experimentado la ciudad, por ejemplo en la Potsdamer Platz —un osado y extensivo monumento del posmodernismo—, son su ambiente de creatividad, su activa impetuosidad y su incansable ansia de crear y dar forma los rasgos que mejor describen el carácter de la nueva Berlín. Berlín siempre ha sido una ciudad creativa, tanto en los tiempos de los reyes prusianos como en los «dorados años 20»; teatro, danza, literatura, cabaré, música, pintura... Todas las formas de arte y el arte en cualquiera de sus formas han impregnado la ciudad durante siglos.
Una incalculable cantidad de impresionantes museos, muchos de ellos situados en la parte oriental de la ciudad, cerca del magnífico bulevar Unter den Linden, son testimonio de las esplendorosas épocas artísticas y culturales por las que ha pasado la ciudad. Sin embargo hoy es distinto; el arte está en todas partes, creado por más de 20 000 artistas plásticos, puede percibirse tanto en espacios públicos como en los innumerables patios traseros de los distritos más de moda como Kreuzberg o Prenzlauer Berg, y es visible tanto en estilosas galerías como en las paredes de las casas o en centros de arte alternativos. Aparte de las formas artísticas autónomas, Berlín es también uno de los centros culturales más interesantes y vitales del mundo: reuniones y ferias internacionales tienen su espacio y su público en Berlín. Sean cuales seas sus planes, en Berlín los verá satisfechos. También en cuanto a los precios, que en Berlín son muy competitivos; por decirlo así, es una ciudad justa, con precios justos. A última hora, cuando esté disfrutando del plato nacional de Berlín, la famosa salchicha al curry, en uno de los muchos puestos de comida rápida de la ciudad, se dará cuenta por sí mismo de que Berlín y los berlineses son honestos, directos y sin complicaciones. En seguida se les coge cariño y se está deseando volver.
La otra cara de Berlín: ríos, lagos, playas y bosques.
Esto también es Berlín: tranquilidad, descanso y relajación en estado puro. Y no solo en los parques de los distritos interiores, como el Tiergarten o el parque del Palacio de Charlottenburg, sino que también el bosque urbano más grande de Alemania invita a disfrutar de relajantes paseos en sus 29 000 ha. 360 kilómetros de costa a lo largo de trece lagos y cinco ríos en terreno urbano permiten que los visitantes se sumerjan en un mundo propio, lejos del barullo y del mundanal ruido de la metrópoli. Precisamente estos lagos y los paisajes de valles que los rodean son unos hermosísimos paraísos naturales: desde el Krumme Lanke y el Wannsee, una enorme extensión del río Havel, hasta el lago más grande de Berlín, el Müggelsee, al suroeste de la ciudad.