Brunswick

Brunswick: la ciudad de los leones y de los científicos.

Como urbe tanto tradicional como moderna, Brunswick ofrece unos testimonios impresionantes de su rica historia y sus hermosos distritos, que han ido adquiriendo un encanto muy especial a lo largo de los siglos. También ejercen una atracción muy particular su arquitectura contemporánea, como en la casa Happy-Rizzi, una escena cultural y artística muy activa y amplios parques.

La historia de Brunswick está muy vinculada a la dinastía de los güelfos: en el siglo XII, el duque Enrique el León hizo de esta su ciudad de residencia y la convirtió en ciudad hanseática y en uno de los núcleos de comercio más poderosos. El castillo Dankwarderode, la Catedral de San Blas y la estatua del león de la Plaza del Castillo se erigieron en honor a este gran señor de Brunswick. Bajo el reinado de Otón IV, también de la dinastía güelfa, Brunswick se convirtió en ciudad imperial y, con ello, en uno de los centros más relevantes de Europa. Los güelfos continuaron influyendo en el desarrollo de la ciudad hasta entrado el siglo XX, en calidad de promotores y mecenas de la arquitectura, las ciencias y el arte. El número de intelectuales que poblaban la ciudad era en consecuencia elevado, haciendo de Brunswick un centro de innovaciones hasta la época actual. La investigación y el desarrollo se escriben aquí con mayúsculas; muchos institutos internacionales se han asentado en la localidad y, desde 2007, Brunswick lleva el sobrenombre de "Ciudad de la Ciencia".

Esta ciudad ha llevado el arte en su corazón desde siempre. El Museo Duque Anton Ulrich, por ejemplo, se considera el museo de arte más importante del estado de Baja Sajonia y su colección de arte antiguo se considera una de las más completas de Alemania. Debido a una serie de medidas de remodelación, el edificio principal estará cerrado hasta 2015, por lo que una parte de la colección y las exposiciones itinerantes se presentan actualmente en el castillo Dankwarderode. Por contra, el Teatro Estatal, los numerosos locales privados y varios grupos artísticos que saben apreciar el ambiente de la ciudad ofrecen espectáculos novedosos y vivencias culturales de tendencias totalmente diferentes, siempre de gran nivel. También en Brunswick se pueden vivir las compras según los estándares más exigentes: si se pasea por el bello casco antiguo de la ciudad, encontrará ofertas comerciales de renombre mundial. La arquitectura de categoría internacional se puede descubrir en el Ackerhof, un pequeño lugar en el barrio de Magni: aquí podrá contemplar la casa Happy-Rizzi, algo excéntrica, del artista americano James Rizzi. Y muy cerca, la casa con paredes entramadas probablemente más antigua de Alemania. Un contraste que resulta típico de Brunswick: aunar pacíficamente lo antiguo con lo nuevo. Y situar al visitante justo en el medio.

 

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