Celle

Pictórica ciudad de entramado y farolas parlantes: Celle

¿Es un cuento o una ciudad? Los que paseen por Celle no podrán evitar hacerse esta pregunta. Un casco histórico fascinante, con cientos de casas de entramado, a las que se añade un palacio entre renacentista y barroco, y todo ello ubicado en un encantador entorno junto al pequeño río Aller y en el margen meridional de las landas de Luneburgo: belleza en estado puro.

La iglesia municipal y el Ayuntamiento Antiguo son algunos de los edificios más antiguos de la ciudad: unas islas en el mar de casas de entramado erigidas en siglos diferentes; entre ellas se encuentra también la Sinagoga de Celle y el que probablemente sea el edificio más famoso de la ciudad, la Hoppener Haus, de 1532, una imponente casa de seis plantas de fachada escalonada con gablete, adornada con riquísimas tallas de madera. Justo enfrente están las sorprendentes farolas parlantes, un grupo de figuras de luz cada una de las cuales simboliza un tipo característico de ser humano. Unos sensores de movimiento hacen que las farolas hablen, y pueden hacerlo cada una consigo misma o entre sí. Para ello hacen uso de archivos de datos de lenguaje y cuentan hechos, anécdotas, algún dicho gracioso o representan breves escenas cómicas. No es de extrañar que algún visitante comenzara a dudar sobre su sano juicio.

Duques, caballeros y caballos: las historias de Celle

También se levanta en el centro de la ciudad el Palacio del duque, probablemente la obra arquitectónica más relevante de la ciudad, que se remonta a un recinto erigido en el siglo XIII. A partir de 1530 fue remodelado y transformado en un palacio renacentista, y en la segunda mitad del siglo XVII se emprendieron nuevas medidas de ampliación y remodelación, que le otorgaron su actual apariencia barroca. En la actualidad, el Teatro de palacio, que subsiste desde 1671, y el Museo de la residencia son los dueños y señores de esta hermosa residencia. La Stechbahn, antigua plaza de celebración de torneos y escenario de luchas caballerescas durante la Edad Media tardía, es otro de los lugares que recuerdan a los buenos tiempos de Celle. En 1471, el duque Otón II fue víctima de uno de estos torneos, ya que se cayó accidentalmente del caballo y falleció. Una herradura insertada en el adoquinado frente a la farmacia Löwenapotheke mantiene este suceso en el recuerdo de los habitantes de Celle, grandes aficionados a los caballos por lo demás: en el desfile de sementales (Hengstparade) que se celebra todos los años en septiembre, el criadero de caballos estatal de Baja Sajonia transforma esta ciudad de entramado en una singular ciudad-festival para caballos y caballeros.

La obra arquitectónica como obra de arte global: el Museo de Arte

Tan singular como el casco antiguo de la ciudad es el Museo de Arte de Celle: un museo abierto 24 horas, que no solamente ejerce un efecto fascinante durante el día, sino también durante la noche, en su calidad de obra de arte global. Durante el día se exponen obras de pintura, artes gráficas, escultura, arte de la luz y arte-objeto del siglo XX, entre las que se encuentran varios «múltiples» de Joseph Beuys. También por la noche el arte recibe la atención que se merece: como un cristal irisado desde el interior brilla el vestíbulo acristalado, y los juegos de luces y sonido difuminan las fronteras entre arte y espacio, entre el edificio y el entorno urbano.

 

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