Luneburgo

Edad Media, tabernas, sal y alegría de vivir: Luneburgo

Tanto si se plantea unas vacaciones llenas de vivencias por ciudades apasionantes o de relajación con actividades de ocio en contacto con la naturaleza, en Luneburgo podrá configurar siempre unas vacaciones a la medida, gracias a su idílica situación entre el Elba y las landas. Por un lado Luneburgo, la histórica ciudad hanseática de la sal y, por otro, su encantador entorno convierten cada visita en puro disfrute.

No cabe duda de que esta ciudad de más de 1000 años de historia es una de las más bonitas de todo el norte de Alemania. Luneburgo superó intacta la Segunda Guerra Mundial, de forma que ha conservado su hermoso aspecto medieval de ciudad de ensueño. Al mismo tiempo, Luneburgo es una ciudad universitaria y miles de estudiantes despliegan en ella su encanto y alegría de vivir. Incluso es posible que Luneburgo cuente con la densidad de tabernas más alta de Alemania. Naturalmente, es un placer ir de compras por el centro: en las hermosas casas de gablete antiguas unos establecimientos especializados muy bien escogidos invitan al paseo y al descubrimiento.

Riqueza, fama y oro blanco

En todas partes, el visitante puede percibir todavía la historia «salada» de la ciudad. Durante más de mil años se hirvió sal en la salina y, gracias al comercio de este valioso «oro blanco», la ciudad alcanzó un gran prestigio. Junto a Bergen, Visby y Lübeck , Luneburgo creció como la espuma hasta convertirse en una de las ciudades más representativas y ricas de la Hansa. En el Museo Alemán de la Sal, ubicado en la antigua salina, las obras expuestas se pueden tocar y probar y muestra todo lo que hay que saber sobre la sal, desde la Edad Media hasta la época actual. También la Antigua Grúa, una grúa histórica situada en el antiguo puerto de Ilmenau, formaba parte del comercio de la sal y hoy en día continúa impregnando la imagen del barrio del agua, como uno de los emblemas de Luneburgo.

Museos, oasis de tranquilidad y alivio

El casco histórico hace que Luneburgo parezca casi un museo al aire libre, pero hay también algunos interiores que merece la pena visitar. Por ejemplo el Ostpreußische Landesmuseum, que exhibe la cultura y la historia de la Prusia Oriental desde la prehistoria hasta 1945, o, justo al lado, el Museo de la Cerveza del Norte de Alemania, que dispone de una extraordinaria galería de valiosos recipientes para beber, fabricados en los últimos 1200 años. Para evitar posibles desencantos, entre estos recipientes no se incluyen las calaveras en las que los vikingos solían beber el hidromiel. A pocos minutos a pie del centro de la ciudad se encuentra el monasterio benedictino Lüne, fundado en 1172; un oasis de tranquilidad y recogimiento en medio de prados de árboles frutales y gran cantidad de árboles antiguos. También es posible encontrar sosiego en el parque-balneario situado en el extremo sur del centro de la ciudad, un parque configurado siguiendo el modelo inglés. Este parque colinda con «SaLü», las termas salinas de Luneburgo, en las que aún hoy continúa burbujeando el agua salina. Cuando este agua salina gotea por las ramas de la salina y se respira, pulverizada en forma de fina neblina, resulta un bálsamo para los pulmones y para todo el cuerpo. Con ello se cierra el círculo: en Luneburgo todo gira alrededor de la sal.

 

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