Maguncia

Maguncia: ciudad de Gutenberg y la reina del vino de Alemania.

Maguncia es una ciudad universitaria, romana, mediática y capital del estado, que simboliza la famosa armonía triangular entre la catedral románica, el arte negro de Gutenberg y el carnaval renano. También representa una gran herencia de casi 2000 años, que los habitantes de Maguncia muestran con orgullo y ecuanimidad. El hecho de que entre los numerosos bienes culturales de la ciudad se incluya también una marcada cultura vinícola hace que Maguncia se nos antoje aún más acogedora.

El paisaje urbano está dominado desde hace más de 1.000 años por una gran obra arquitectónica: la catedral de Maguncia. En el centro se erige majestuosamente una de las obras de arquitectura religiosa más relevante de Alemania, cuya primera piedra se colocó en el año 975 bajo los auspicios del obispo Willigis. A la sombra del templo, se extiende la Maguncia del medievo y de los albores de la Modernidad: la vida de la ciudad transcurre en las angulosas y estrechas callejuelas, que aquí se llaman Nasengässchen o Heringsbrunnengasse, en las numerosas tiendecitas, boutiques y cafeterías que rodean el maravilloso Kirschgarten (jardín de cerezos), con sus románticas casas de entramado, y en la fuente Marienbrunnen, donde se siente el pálpito de la vida. Al anochecer es cuando se percibe que Maguncia es la reina del vino entre las ciudades alemanas; el Hesse Renano es la comarca vitivinícola más grande del país, y la nueva generación de viticultores vuelve a demostrar todos los años que es capaz de alcanzar grandes logros. A los habitantes de Maguncia les encanta consumir sus productos sobre todo en las acogedoras vinotecas y tabernas, que han sido bautizadas con nombres tan píos como "Limosnera" o "Confesionario". El mercado del vino también es una de las grandes celebraciones de la ciudad. Cuando se festejó por primera vez en 1946 después de la guerra, los franceses, que eran la potencia ocupante, donaron 100.000 litros de vino, un gran gesto de reconciliación y amistad. Como no podría ser de otra forma en el Rin, las otras dos grandes fiestas de Maguncia son el Carnaval y la noche de San Juan, que siempre se celebra los últimos cuatro días de junio, una apoteósica fiesta cultural, que originariamente se hacía en conmemoración de Johannes Gutenberg y que en la actualidad se ha convertido en una mezcla de música, antiguas tradiciones, representaciones de cabaré, con puestos para degustar comida y, obviamente, vino.

Como contraposición al animado casco histórico, el panorama de Maguncia contemplado desde el lado del Rin parece más bien comedido, tranquilo e incluso algo estricto. Está dominado por dos épocas: la Modernidad con el Ayuntamiento, el hotel Hilton y el Centro de Congresos en la Rheingoldhalle, y el Barroco o Renacimiento con el Neues Zeughaus (nuevo arsenal), la Deutschordenshaus y el Palacio de los Príncipes Electores. A juicio de algunos historiadores, este palacio supera incluso al Palacio de Heidelberg por su rica estructura diferenciada, aunque seguro que en Heidelberg tienen una opinión bien distinta. Maguncia también posee un panorama museístico excepcional. Aquí, destaca ante todo el Museo de Gutenberg de la Imprenta y el Museo Central Romano-Germánico, en el Palacio de los príncipes electores. Colecciones sobre la prehistoria y la protohistoria, sobre Roma y los albores de la Edad Media se enlazan aquí a través de unos enormes talleres de restauración de renombre mundial; también la momia de Ötzi, el hombre del glaciar hallado en el Tirol, se sometió aquí a un tratamiento. Otro museo interesante es el Museo Estatal de Maguncia, de amplia temática, que expone obras desde la Edad de Piedra hasta la época moderna y cuya fundación se remonta a 1803, con la donación de 36 cuadros por parte de Napoleón. La catedral episcopal y el Museo Diocesano de la catedral informan sobre la historia de la iglesia y del episcopado; el Museo Histórico Municipal proporciona una visión general y el Museo de Historia Natural es el más grande dentro de su categoría de Renania-Palatinado. La Sala de Arte Maguncia completa la oferta a la perfección: el edificio situado en el antiguo puerto aduanero está dotado de un revestimiento completo de vidrio verde y de una sala de exposición inclinada en siete grados, por lo que destaca asombrosamente. Pero si alguna vez constara una inclinación de siete grados en su propia persona, seguramente se deberá más bien a los excepcionales vinos que se escancian en esta ciudad. Aunque esto en Maguncia no supone ninguna desdicha, ya que seguramente estará muy bien acompañado.

 

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