Amor tardío y Patrimonio Cultural de la Humanidad para millones
Los habitantes de Ratisbona han descubierto bastante tarde el amor por su centro histórico. En la década de los 60 estaba planificado destruir lo que quedaba de histórico en la ciudad y erigir en su lugar una ciudad completamente nueva. Hoy en día todos se alegran de que estos planes nunca se pusieran en práctica y de que desde la década de los 70 se mime el centro histórico y se restaure y conserve con esmero el patrimonio histórico. Cada año millones de visitantes comprueban que ha merecido la pena, porque pocas ciudades del centro de Europa ofrecen una imagen tan fantástica como esta, en la que, se mire a donde se mire, uno está rodeado por más de 2000 años de historia. Ratisbona dispone de más de 1500 edificios protegidos como monumentos, de los cuales 984 componen el conjunto arquitectónico «Centro histórico de Ratisbona y Stadtamhof», declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 2006. El puente de piedra, la catedral y la calle Krauterermarkt, con el convento de St. Johann, el Museo del Tesoro Catedralicio, la casa patricia que semeja un castillo en el Heuport y la histórica farmacia Adler-Apotheke son varios de los monumentos más importantes de Ratisbona, pero solo una pequeña parte de todo lo que merece la pena visitar. La iglesia de St. Ulrich, con el Museo Diocesano, el antiguo prebostazgo catedralicio, las plazas Dachauplatz y Neupfarrplatz, el Alter Kornmarkt (antiguo mercado de cereales), el Kohlenmarkt (mercado de carbón) y las plazas Zieroldsplatz, Rathausplatz y Haidplatz, la Porta Praetoria y las Geschlechtertürme (torres del linaje) son otras plazas, conjuntos y edificios magníficos, para cuya descripción la palabra «mágicos» se queda corta.
Arte, cultura y tabernas en un entorno pictórico
Como corresponde a una ciudad tan extraordinaria, la vida cultural de Ratisbona es enormemente variada. Aquí se unen elementos tradicionales y modernos con influencias de todo el mundo: entre los innumerables eventos teatrales y de danza, conciertos, fiestas, exposiciones y demás oferta cultural encontrará su programa ideal con toda seguridad. Las posibilidades son ilimitadas: eventos elegantes y auténticos, de música clásica o popular, en locales modernos, en un ambiente histórico o al aire libre en las bonitas plazas. Además, en las callejuelas del centro histórico, innumerables restaurantes, bares, tabernas y discotecas invitan a poner la guinda a una noche especial.
Un sinfín de tiendas. Y la mejor mostaza del mundo
Ratisbona es una ciudad que enlaza como pocas un contenido arquitectónico histórico con un ambiente comercial muy moderno. La preciosa y elegante zona peatonal del centro histórico ofrece el marco perfecto para ir de compras: innumerables tiendas, grandes y pequeñas, ofrecen un amplio abanico de mercancías, a cual más diferente, tanto especialidades internacionales como artesanía regional. Con todo, también fuera del centro de la ciudad se ofrecen unas oportunidades fantásticas para ir de tiendas; prácticamente en todos los barrios hay, al menos, un centro comercial. En ellos podrá adquirir la famosa mostaza dulce de Luise Händlmaier, pero aún mejor es visitar su maravillosa tienda «Händlmaier's» de la Unteren Bachgasse, en el centro de la ciudad. No cabe duda de que esta es la mejor mostaza del mundo, al menos para los aficionados a esta tradicional marca familiar. Igualmente indudable es el hecho de que Ratisbona es el mejor destino turístico del mundo. O al menos uno de los mejores.