Rostock

Rostock: gótico báltico y romanticismo portuario.

Rostock tiene un corazón marítimo: la ciudad portuaria. Si bien ya no son tantos los marineros que recorren los muelles, el encanto que el puerto aporta a la ciudad sigue siendo inconfundible. Aquí también se celebran grandes eventos, como el Hanse Sail, el festival marino al que siempre acuden en agosto cientos de veleros y un millón de visitantes.

Cuando en el puerto de Rostock y sus alrededores atracan más de 300 embarcaciones, ya sean veleros de mástiles altos, tradicionales, genuinos windjammers, transatlánticos, transbordadores, oldtimer y otros buques, entonces es que se está celebrando de nuevo el Hanse Sail. Esta fiesta popular náutica es un acontecimiento en toda la región báltica, una celebración de la amistad entre los pueblos, con mucha música en diversos escenarios, dos espectáculos de pirotecnia, un mercado medieval, una noria y mucho más en un espacio que se prolonga a lo largo de casi cuatro kilómetros. Y todo ello ante el venerable marco del casco antiguo de Rostock, repleto de edificios de ladrillo rojo oscuro del típico gótico báltico heredado de los tiempos de la Liga Hanseática. Entre ellos cabe destacar la fortificación de Rostock, de la que hoy en día solo se conservan algunas partes, incluida una pieza que Wallenstein erigió durante la Guerra de los Treinta Años. En la parte oriental de la ciudad destaca un gran vestigio de la muralla, cerca de la iglesia Petrikirche y, justo al lado, aún se puede contemplar una parte del bastión de pescadores con algunos cañones históricos. Dentro de los muros de la ciudad se hallan tres de las cuatro iglesias monumentales que existieron en su día. La más grande es Marienkirche, en el centro, y, junto al Antiguo Mercado, en el lugar donde estaba situada Rostock en sus inicios, está St. Petri. Desde la torre de esta iglesia puede disfrutarse de maravillosas vistas sobre Rostock y el mar Báltico. También son de gran relevancia arquitectónica el ayuntamiento gótico, con su fachada barroca anexionada con posterioridad, la Hausbaumhaus, casa de mercaderes del gótico tardío, y la Ständehaus, del neogótico. Un emblema de la ciudad especialmente hermoso es el antiguo faro de Warnemünde, que siempre merece la pena visitar.

La tradicional ciudad balnearia Warnemünde, con sus bonitas y coloridas casitas de pescadores, resulta el lugar ideal de recogimiento para pasear, disfrutar o simplemente para recorrerla con la mirada. Pequeñas tiendas, cafeterías y restaurantes invitan a pasar unas relajadas horas, y la zona del Alter Strom (antiguo río), con sus bamboleantes barcas de pescadores y veleros, es una joya del romanticismo marítimo. A pesar de toda la historia y enorgullecerse de su tradición marinera, en Rostock también hay espacio para la modernidad. Algunos ejemplos notorios se presentan en la arquitectura de la era de la RDA y la arquitectura contemporánea como la calle Lange Straße, construida antes de 1959 bajo la dirección del joven arquitecto jefe Joachim Näther, o las originales construcciones paraboloides hiperbólicas surgidas de manera experimental entre 1966 y 1972 como el Teepott de Warnemünde, el establecimiento Kosmos en el distrito Südstadt o el Mehrzweckhalle (salón de usos múltiples) en el distrito Lütten Klein, convertido hoy en un centro comercial. A finales de los años 90, bajo la dirección de Gerkan, Mang und Partner se diseñó una elegante galería comercial detrás de la fachada de un antiguo hotel. Si la clave es ir de compras, no dude de que Rostock se presenta como una fantástica opción. Desde la plaza Doberaner hasta el Mercado Nuevo, desde la Plaza de la Universidad hasta el puerto, se extienden zonas peatonales inconfundibles, como la calle Kröpeliner. En ellas, uno puede degustar desde pescado fresco hasta especialidades internacionales, y para los más golosos, la chocolatería de Prie, en el puerto, es una sugerencia muy especial. Asimismo, en el barrio de ocio de la Kröpeliner-Tor-Vorstadt, una serie de acogedores restaurantes, bares y cafeterías nos seducen con bocados suculentos o una buena cerveza. Pero en Rostock siempre merece la pena ir un poco más allá, alejándose de las grandes calles para descubrir las pequeñas tiendas y tabernas ubicadas en antiguos almacenes y en casas burguesas primorosamente restauradas. Lo que está claro es que siempre hallará una ciudad excepcional por su alma y su carácter.

 

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