Weimar

Weimar: ciudad de los clásicos y de los grandes genios.

Goethe y Schiller, Herder y Wieland, Nietzsche, Fürnberg, Liszt, Bach, Cornelius, Gropius, Feininger, Klee, Itten... La enumeración de grandes nombres de Weimar es ingente; esta ciudad es una joya de la historia intelectual alemana y europea. Tanto el Clasicismo de Weimar como la Bauhaus siguen siendo en la actualidad la base de la cultura, que en Weimar se despliega en armonía y abundancia.

El Clasicismo de Weimar duró solo unos 50 años, pero es una de las épocas más fantásticas de la historia intelectual europea. Todo empezó con la Duquesa Ana Amalia, quien logró que poetas y pensadores, cuya fama todavía hoy se halla inherentemente vinculada a Weimar, se trasladaran a la pequeña ciudad, lejos de las grandes y poderosas residencias. Testigos del Clasicismo de Weimar son los lugares donde vivieron y crearon sus obras los poetas y sus mecenas: las casas de Goethe y de Schiller; los palacios Belvedere, Ettersburg y Tiefurt con sus magníficos parques; los lugares donde Herder escribió sus obras; el palacio Wittum, donde se reunía el ilustre grupo de tertulianos; la famosa Biblioteca de la Duquesa Ana Amalia; y el histórico cementerio con el Panteón de los Príncipes donde se hallan los sepulcros de Goethe y Schiller. La declaración del Clasicismo de Weimar como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO se basó en la relevancia que los edificios y parques de la época de esplendor del Clasicismo de Weimar han tenido en la historia del arte, así como en el papel de la ciudad como centro del mundo intelectual a finales del siglo XVIII y principios del XIX, a lo cual, obviamente, no hace falta añadir nada más. Excepto que Weimar fue una de las Capitales Europeas de la Cultura en 1999. Asimismo, en Weimar también surgió una segunda gran época con una evolución fascinadora: la Bauhaus, una de las corrientes más importantes de arquitectura y diseño del siglo XX y para muchos uno de los productos más relevantes que se exportaba de Alemania en aquellos tiempos. El Museo de la Bauhaus, con sus más de 300 obras expuestas, permite introducirse en la producción de la Escuela Bauhaus, cuyas obras hasta hoy no han perdido su belleza atemporal y sencilla.

Entre los testigos más relevantes del Clasicismo de Weimar se incluye naturalmente la famosa biblioteca de la duquesa Ana Amalia, que después de un arrasador incendio en el año 2004 se restauró dotándola de un nuevo esplendor. A pesar de haberse perdido 50.000 libros de forma irreparable, sigue siendo un gran testimonio de la civilización y la ilustración alemanas y europeas. La casa barroca de Goethe en Frauenplan, donde el poeta vivió durante casi 50 años, es otro momento culminante de cualquier ruta por Weimar; en la actualidad todavía se puede contemplar tal y como Goethe la dejó en los últimos años de su vida. Su casa con jardín en el parque a orillas del Ilm fue un regalo del duque para vincular a Goethe con Weimar, y fue siempre su lugar de refugio cerca de la naturaleza. Las dotes de Goethe como jefe de obra han quedado plasmadas en la Casa Romana, erigida como el primer edificio clasicista de Weimar y con vistas a la casa con jardín del propio Goethe. Quizás en el sentido estricto de la palabra no se trate de ninguna obra clasicista, pero siempre merece la pena visitar la hostería "Zum weißen Schwan", situada enfrente de la casa de Goethe, donde el poeta probablemente disfrutó de algún que otro vaso de vino. Por el contrario, el nombre de Friedrich Schiller está asociado excepcionalmente al esplendor del Clasicismo de Weimar: los once años de su colaboración con Goethe se consideran una pieza clave de la época. Schiller pasó los últimos años de su vida en una casa burguesa situada en lo que entonces era una explanada. En la actualidad, está decorada en el estilo de su tiempo y con un inventario que parcialmente formaba parte de la original; asimismo, la exposición permanente "Schiller en Turingia" nos permite ahondar en su vida y obra. También Franz Liszt, el genial virtuoso, escogió Weimar como lugar de residencia siempre que sus prolongadas giras lo permitían. Liszt vivía en la antigua Hofgärtnerei, en la entrada del parque, que hoy es la casa-museo de Liszt. También encaja con la herencia liberal y de vanguardia de la ciudad el hecho de que Sajonia-Weimar-Eisenach, cuya capital era Weimar, fuera el primer estado federado en obtener una Constitución en 1816, además del hecho de que en 1919 se fundara aquí la primera república en suelo alemán, la República de Weimar. Por todo ello es completamente inconcebible que la misma nación que presentó aquí su cultura nacional con tanto orgullo, erigiera a poca distancia el campo de concentración Buchenwald, el lugar donde esa misma nación cometió casi 50.000 asesinatos. Al hablar de Weimar, uno también debe mencionar Buchenwald y mostrar sus respetos hacia el lugar conmemorativo. Porque solo entonces habrá visto Weimar por completo.

 

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