Regiones vitivinícolas: caldos elegantes sobre una buena base

Los vinos alemanes crecen en unos suelos particularmente fructíferos. Las nobles cepas se sienten a gusto en los variados suelos de las trece regiones vitivinícolas alemanas, desde el vivaz Riesling hasta el selecto Spätburgunder. Mimados por un clima excepcional, aquí maduran los típicos vinos alemanes, ligeros y afrutados, llenos de gracia, encanto y carácter.

El río Ahr serpentea en un entorno idílico, formando estrechos meandros a través de un extravagante paisaje pedregoso y las colinas de viñedos se arriman a las áridas rocas. Ya los romanos reconocieron las ventajas del clima de este valle entre salvaje y romántico y plantaron aquí los primeros sarmientos. Además del Spätburgunder, el rey de las uvas rojas, el Frühburgunder es otra valiosa especialidad de la región. El cultivo de estos excelentes vinos de Ahr en las pronunciadas pendientes requiere grandes esfuerzos, pero la gran calidad del resultado hace que el arduo trabajo merezca la pena.

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Baden es una comarca vitivinícola muy singular. Protegida por un lado por las montañas del Odenwald y de la Selva Negra y por la cordillera de los Vosgos por el otro, en esta región reina el clima más soleado y cálido de Alemania, con unas temperaturas casi mediterráneas. Este clima tan suave y el rico suelo convierten a Baden en una de las mejores comarcas vitivinícolas de Europa. Vinos extraordinarios, ricos manjares y una hospitalidad muy desarrollada son los símbolos que marcan la forma de vida de Baden; esta región es la meca de los gourmets.

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Franconia, una fusión muy singular: pequeñas ciudades y localidades medievales, paisajes de ensueño con un clima casi mediterráneo, un siglo de cultura del vino y unos habitantes que son conscientes del tesoro que poseen. «Mándame unas cuantas botellas más de Wurzburgo, porque ningún otro vino llega a gustarme tanto»; así alababa Goethe su vino favorito de Franconia. Al mismo tiempo, Franconia es una de las regiones vitivinícolas más modernas, con unos vinos excelentes distinguidos con numerosos premios internacionales y con una arquitectura vinícola moderna.

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Probablemente fueron los romanos quienes trajeron a la «strata montana» las primeras cepas; el cultivo de vino en la Bergstraße está documentado por primera vez en el siglo VIII, en relación con el monasterio de Lorsch. En 1971, la «Hessische Bergstraße» se convirtió en una comarca vitivinícola independiente y es actualmente la más pequeña de las 13 comarcas alemanas dedicadas al cultivo del vino. La región está compuesta por dos áreas separadas espacialmente: al sur de Darmstadt las localidades de Alsbach, Zwingenberg, Bensheim y Heppenheim constituyen el área denominada «Starkenburg». La segunda área es la «Odenwälder Weininsel» (isla del vino del Odenwald), en y alrededor de Groß-Umstadt y de Roßdorf.

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Durante 120 km de empinadas laderas de viñedos, palacios, castillos y la famosa roca de Loreley, el Rin serpentea entre Bingen y Bonn , a través del paisaje del curso medio del Rin, un espacio plagado de historia. Los «Siete picos» y la roca «Loreley» dividen la región vinícolamente hablando en dos áreas. La parte meridional de este paisaje cultural único, marcado por la viticultura, entre Koblenz y Bingen fue declarado por la UNESCO en 2002 Weltkulturerbe . Este hecho motiva a los viticultores a conservar el cultivo en unas laderas con tanta pendiente como éstas.

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Mosela, Sarre y Ruwer serpentean formando angostos meandros a través de un paisaje cultural en el que ya los romanos cultivaban vino hace 2000 años. La región del Mosela es la comarca vitivinícola más antigua de Alemania y la más grande de las zonas compuestas por laderas en pendiente. Las laderas y terrazas en pendiente, orientadas hacia el sur o el suroeste, ofrecen un excelente microclima a las cepas y a otras plantas y animales exóticos. Gracias a este microclima, los elegantes vinos minerales Riesling que crecen en las laderas del Mosela, del Sarre y del Ruwer, se cuentan entre los mejores vinos blancos del mundo.

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Verde suave, románticos valles fluviales y unas formaciones rocosas dramáticas impregnan la tierra de vino Nahe, al sudoeste de Alemania. Un clima suave contribuye a que los vinos maduren pronto y desarrollen una acidez agradable. En los 130 km de la Naheweinstrasse encontrará pueblos vinícolas, castillos y bellezas naturales como la formación rocosa Rotenfels o el Trollbachtal. El «Edelschliff» sirve de presentación para la región: un extraordinario Riesling, embotellado en un envase de diseño, adornado con piedras preciosas de Idar-Oberstein.

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