A los alemanes les gusta comer y cocinan extraordinariamente bien. La razón para ello son los productos regionales, que proporcionan placeres culinarios muy diferentes, incluso fuera del templo de los gourmets: el pescado del norte, la fruta del «Altes Land», las bolas de patata del este, el asado adobado («Sauerbraten») del área del Rin, o la pasta al huevo y los platos derivados de la harina en el sur. Además, desde mediados de abril hasta finales de junio, casi en toda Alemania las cocinas se inundan de espárragos.