Los viñedos bañados por el sol de las regiones vinícolas alemanas son un placer del que no solo disfrutan los amantes del vino. Los paisajes de colinas, atravesados en su mayoría por ríos de agua cristalina, y los pequeños pueblecitos que los salpican forman parte también de los destinos preferidos por los amantes del senderismo y de la bicicleta; y es que en Alemania la viticultura se ejerce en pequeñas superficies y en gran parte continúa siendo una labor manual. Esto distingue la calidad de los vinos y contribuye en gran medida a conservar unos paisajes idílicos.