Los mundos temáticos son un reflejo de las tradiciones cortesanas, enlazan la naturaleza con la arquitectura y transportan al visitante a otro mundo. El encanto de su floración supone un cambio beneficioso para los ojos y descanso para los sentidos, como en el Jardín de Palmeras de Fráncfort. Ejercen de oasis verdes en las ciudades, como por ejemplo el parque Bürgerpark de Bremen, o representan, como lo hace el Parque paisajístico de Duisburg la simbiosis entre historia y alta tecnología.