Lo que para nosotros significa hoy un artículo de apenas unos céntimos, gozaba en la Edad Media de una enorme importancia y un gran valor: no en vano este mineral precioso se denominó también «oro blanco». Para abastecer todo el territorio de esta preciada materia prima, hubo de ser transportada con frecuencia a través de grandes distancias. La sal era la base de la riqueza de las ciudades que participaban en este comercio y su transporte, ya fuera por la extracción, como en Lüneburg, por el comercio, como en Lübeck o por los derechos de aduana, que tenían que pagar los comerciantes al cruzarla, como en Mölln. Esta histórica ruta comercial conduce desde Lüneburg hasta Lauenburg, donde atraviesa el Elba, y sigue desde allí el canal Elba-Lübeck hasta Lübeck. A lo largo de esta ruta, atraen al visitante sus idílicos paisajes, románticos pueblecitos, iglesias de piedra, tumbas de los navegantes del Stecknitz y muchos otros monumentos históricos, testigos mudos de una larga historia que recuerda la época dorada del comercio de la sal: el Museo Alemán de la Sal en Lüneburg, la ciudad de navegantes y Ducado de Lauenburg, la ciudad del personaje Till Eulenspiegel, Mölln. Asimismo, Lübeck que era y es considerada la «puerta al Mar Báltico, donde el «oro blanco» transportado a través de la «Ruta de la sal» le proporcionaba riqueza y poder. La puerta «Holstentor» y el almacén de sal de Lüneberg son símbolos de ello.