Palatinado y vino – ¡definitivamente una buena combinación! En este mar de racimos de uvas de la segunda región viticultora más grande de Alemania, donde las cepas están tan cerca entre sí, que podrían susurrarse la una a la otra, los dioses del vino griego y romano, Dionisio y Baco, se divierten jugando con su imagen. El Palatinado, mimado por el sol, donde las uvas crecen a una velocidad vertiginosa, donde los barriles charlan y los viticultores venden su propio vino, es el destino de peregrinación para los amantes del vino. También los gourmets, los apasionados del arte y los aficionados a la buena vida llevarán la Ruta del vino en sus corazones, pero sobre todo el arte de disfrutar de la vida, por ejemplo en las numerosas y alegres fiestas del vino, como el famoso Mercado de la salchicha de Dürkheimer. Disfrute de un distinguido placer durante la cata de estos exquisitos caldos servidos en copas directamente por el vitivinicultor. Tampoco debe dejar de probar la rústica «cocina palatina», ni tampoco el barril más grande del mundo en Bad Dürkheim. Un encantador paisaje con innumerables castillos y palacios, vestigios de poblaciones romanas, pequeñas ciudades y pueblos vitícolas a menudo con más de 1.000 años de antigüedad, numerosos rincones románticos, museos y decorados históricos acompañan esta ruta. Vuelva a descubrir y a experimentar de lleno la Ruta del vino recorriéndola en sentido inverso. La idea de esta «Ruta del vino» como recorrido de vacaciones debe haber sido buena, de lo contrario, no habría sido copiada tantas veces en otros lugares.