Múnich, moderna metrópoli con corazón y una larga tradición. Entre BMW y cervecerías al aire libre, entre arte, cultura, creatividad y ensoñadores rincones, entre barroco y modernidad: no son contradicciones, sino elementos típicos de Múnich. La capital de Baviera ofrece tantos monumentos magníficos que uno no sabe dónde empezar. Así que lo más importante que hay que traer a Múnich es tiempo.
Marienplatz y Frauenkirche: la belleza se une a lo sublime
La plaza Marienplatz es el centro de Múnich, atmósfera cosmopolita, vida agitada y un monumento en cada edificio. El Ayuntamiento antiguo y el nuevo dejan su impronta en esta plaza, al igual que la Peterskirche, la iglesia más antigua del casco antiguo y, por supuesto, a poca distancia la Frauenkirche, con las cúpulas de color verde de sus torres. Es el emblema de la ciudad, no solo visual sino acústico, porque su repique de campanas es un desbordamiento de júbilo. Este impresionante edificio gótico sorprende por su fórmula «menos es más»: una sencillez sublime atraviesa su pretendido adorno. Cuando los fieles se reúnen aquí, el diablo no tiene ninguna oportunidad, aunque haya dejado en la entrada la famoso «huella del diablo».
Donde las terrazas se llaman bodegas. Y el rey emite sabias sentencias
Si bien Múnich presume de maravillosas iglesias, sus verdaderas catedrales están a cielo abierto. Son las cervecerías al aire libre, donde un público variopinto disfruta de la vida bajo ancestrales castaños, si bien aquí las terrazas al aire libre se llaman bodegas (Keller), como la Salvator-, Löwenbräu- o Hofbräukeller, porque los fabricantes almacenaban sus cervezas en el frescor subterráneo y pronto se les ocurrió despacharla directamente sobre el terreno. A los dueños de las tabernas esta idea no les gustó nada, de manera que protestaron ante el rey Luis I. Este emitió una sentencia salomónica: permitió despachar la cerveza en las terrazas, pero dispuso que los cerveceros no podrían servir comida. De esta manera, los que quisieran acompañar sus jarras de cerveza con las viandas apropiadas, debían traerlas consigo. Esto fue el principio de una tradición sagrada para los muniqueses hasta el día de hoy.
Teatros y museos. Y un muniqués de corazón.
Los teatros de Múnich gozan de fama internacional. Teatro Kammerspiele, Teatro Alemán, Teatro de la Residencia, Ópera Estatal de Baviera... Hay mucho donde elegir; solo el sitio oficial de Internet de la ciudad recoge 89 escenarios. El paisaje museístico es asimismo impresionante: la Antigua y la Nueva Pinacoteca y la Pinacoteca de la Modernidad —ya solo esta última reúne cuatro museos independientes entre sí, que presentan varios ámbitos del arte en una constelación única en el mundo—, la Lenbachhaus, la Gliptoteca, la Colección Estatal de Antigüedades y el Museo Brandhorst son algunos de sus museos, famosos en todo el mundo. Otro paisaje museístico se levanta en el distrito de Lehel, con la Casa del Arte, el Museo Nacional de Baviera, la Colección Estatal de Arqueología y el Museo Etnográfico. Adicionalmente el Museo de Paleontología y la Colección Estatal de Ciencias Naturales, también la Villa Stuck, la Colección Goetz en un edificio de Herzog & de Meuron, el Museo Judío... Calificar la oferta museística de enorme es quedarse muy corto.
El Museo Alemán: para muchos, una razón en sí misma para venir a Múnich. Uno de los museos más visitados de Europa y el museo de técnica y ciencias naturales más grande del mundo. Un poco más pequeño, pero igualmente magnífico, es el Museo Valentin Karlstadt, en la Isartor, donde se exponen muchas obras curiosas sobre este gran cómico, un muniqués de corazón. Aunque no todo el mundo entienda su grotesco sentido del humor, su amor por Múnich es completamente comprensible.