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Nuremberg, Documentation Centre
Nuremberg, Documentation Centre ©dpa

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Poder y esplendor bajo el símbolo del castillo: Núremberg

Comerciantes, inventores e intelectuales convirtieron a Núremberg en una de las ciudades más brillantes de la Edad Media en todo el planeta. Protegidos por el castillo, florecieron las artes y oficios, y un nuevo espíritu de libertad inundó una ciudad en la que se podía vivir mejor y enriquecerse con más facilidad que en cualquier otro lugar. Otra cuestión es si esto último continúa siendo así, porque lo de la buena vida sigue siendo igual que siempre, como todos los visitantes pueden comprobar rápidamente.

Museos de Núremberg. Tan típicos como las salchichas Bratwurst y la galleta «Lebkuchen»

Ninguna otra ciudad alemana logró conservar el núcleo histórico tan inalterado como Núremberg... Hasta la Segunda Guerra Mundial, tras la cual solo quedó intacto el 10% de la masa construida. Con todo, al emprender la reconstrucción, Núremberg decidió conservar la estructura del centro histórico de una manera conforme a los tiempos, logrando así uno de los mejores ejemplos de integración entre la Edad Media y los nuevos tiempos, entre la reconstrucción y la modernidad. Esta integración puede encontrarse en unos museos extraordinarios: el Museo Nacional Germánico (el museo de historia de la civilización más grande de Alemania), el Burgmuseum (museo del castillo), la Sala de Arte, el Museo de la Ciudad en la Fembohaus y, típico de Núremberg, el Museo de Juguetes, el Museo del Ferrocarril y la Casa de Alberto Durero.

Artesanía y amigos ilustres de la salchicha Bratwurst

Ya desde muy pronto Núremberg fue un centro neurálgico de la mecánica de precisión, y los ciudadanos ricos podían permitirse incluso relojes portátiles: los famosos «huevos de Núremberg», que se llevaban alrededor del cuello... Aún no poseían las filigranas suficientes para llevarlos en la muñeca. Un testimonio de esta gran tradición es el patio de los artesanos, el «Handwerkerhof», justo enfrente de la estación principal de trenes. Los antiguos viajeros entraban a la ciudad atravesando sus puertas, y en su interior hoy se presenta una colorida mezcla de artesanía antigua y moderna. Es posible observar a los artesanos realizando sus trabajos y comprar regalos como juguetes de latón o bolsas de cuero, pero, naturalmente, también se pueden adquirir las sabrosas Lebkuchen de Núremberg. Como colofón, también podemos disfrutar de una de las famosas Bratwurst a la parrilla de Núremberg en el restaurante Bratwurstglöcklein, que conserva el nombre de la cocina de Bratwurst más antigua de la ciudad. Así lo han hecho ya comerciantes y viajeros de todo el mundo, pero también los habitantes, artesanos, artistas e intelectuales de esta ciudad imperial libre, entre los que se encuentran Peter Henlein, Hans Beheim, Alberto Durero o Hans Sachs.

Una vez repuestas las fuerzas, cabe la posibilidad de dirigirse al centro de la ciudad atravesando la milla histórica y disfrutando de los grandes monumentos: un interesantísimo paseo histórico-cultural. Algunas de las estaciones del paseo son la Iglesia de Santa Marta, cuyos ventanales son unos de los más antiguos y valiosos en cuanto a su iconografía; el Mauthalle, finalizado en 1502 y, con sus 84 metros de largo, 20 metros de ancho y 29 metros de alto, el almacén de sal y de grano más grande de la ciudad; la Nassauerhaus, un hermoso ejemplo de la construcción de viviendas en el medievo; el mercado principal con sus hermosas fuentes, la iglesia Frauenkirche y el Ayuntamiento.

Y por supuesto la fortaleza de la ciudad, finalizada en 1455, que es el emblema de la ciudad: el castillo, una de las fortificaciones más impresionantes de Europa.

Donde el Niño Jesús se encuentra como en casa

No se sabe si el Niño Jesús es de Núremberg, pero lo que sí es seguro es que aquí se siente como en casa. Cuando, siguiendo la tradición, el viernes anterior al primer domingo de Adviento el Niño Jesús de Núremberg inaugura el famoso mercadillo de Navidad Christkindlesmarkt desde el coro de la Iglesia Frauenkirche, los ojos de los niños no son los únicos que brillan. Hasta el 24 de diciembre, el centro histórico brilla con el esplendor de miles de bombillas y se luce en el aroma seductor del «Glühwein» (vino dulce y caliente), las salchichas Bratwurst y las galletas Lebkuchen. En más de 400 años de historia, el mercado de Navidad no ha perdido ni un ápice de su atractivo mágico. Algo que, por cierto, no solo es aplicable al mercado de Navidad, sino a toda la ciudad.

Lo más destacado

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