Núremberg

Núremberg: el museo de historia más vivo de Alemania.

Emperadores y príncipes, caudillos y abducidos, inventores y eruditos: desde la Edad Media, Núremberg es el reflejo de la historia alemana, impresionante, palpitante, variable entre grandeza y tragedia. Bajo la protección del castillo, en su día florecieron las artes y los oficios, y un nuevo espíritu de libertad inundó una ciudad en la que se podía vivir mejor y enriquecerse con más facilidad que en cualquier otro lugar. Y así ha seguido siendo a lo largo de los siglos.

Núremberg y su castillo: la impresionante fortaleza ha dominado el paisaje urbano hasta nuestros días. Ya alrededor del 1140 se inició su construcción por orden del emperador Conrado III y siguió ampliándose hasta el siglo XVII. Cientos de miles de visitantes se embarcan todos los años en un viaje que abarca desde principios de la Edad Moderna hasta el Medievo, épocas que aquí se conservan muy vivas. La Milla Histórica de Núremberg empieza, o finaliza, según se mire, en el castillo. Aquel que permanezca en este recorrido, quedará maravillado por la riqueza de las relevantes edificaciones y lugares que se pueden descubrir en la ciudad: las imponentes murallas de la ciudad, las iglesias de un esplendor y riqueza singulares, las fuentes llenas de imaginación, testigos del comercio mundial de aquella época, el edificio renacentista Fembohaus con el museo estatal de Núremberg o el museo Tucherschloss, que parece tan auténtico como si sus habitantes hubieran salido solo un momento a dar un paseo. Desde hace muchos siglos, Núremberg ha sido un centro neurálgico de la mecánica de precisión, y sus prósperos ciudadanos ya podían permitirse el lujo de utilizar incluso relojes portátiles: los famosos "huevos de Núremberg". De aquella importante época procede también la casa de Alberto Durero, donde el artista pasó una gran parte de su vida, así como las dos magníficas edificaciones del Ayuntamiento en la ciudad. Por el contrario, otros lugares nos relatan la historia de Núremberg que tan erróneamente se interpretó, por ejemplo en el Campo Zeppelín, complejo urbanístico que acoge el Centro de Documentación, donde los nacionalsocialistas celebraban sus espectrales desfiles de masas, así como la sala del tribunal 600 del Palacio de Justicia que alberga el museo "Memoria de los Juicios de Núremberg", donde en 1946 se acusaron y juzgaron a los principales criminales de guerra de la infamia nazi. Son recuerdos necesarios del lado más oscuro de la historia de Núremberg, que siempre permanecerá como parte de la misma.

Por el contrario, otros pensamientos más alentadores se trasmiten al visitante durante un paseo por el mercado navideño de Núremberg, que desde hace más de 400 años lleva iluminando el casco antiguo con miles de luces, haciendo brillar no solo los ojos de los más pequeños. O en el Museo del Juguete con piezas cuyo origen se remonta a principios de la Edad Moderna. Y finalmente, en el Museo del Ferrocarril, donde el "Adler", la primera locomotora del mundo, permite rememorar los inicios de la movilidad actual. Todavía más atrás en el pasado se remonta el Museo Nacional Germánico, el mayor museo de historia de la civilización alemana: los casi 1,3 millones de piezas de exposición de todas las épocas y periodos de cambio abarcan desde los principios de la historia, pasando por la Edad Media, el Barroco, el Renacimiento y la Ilustración, hasta el siglo XIX. El Handwerkerhof, o Patio de los Artesanos, situado justo enfrente de la estación central neobarroca, también invita a echar una mirada al pasado: los antiguos viajeros accedían a la ciudad atravesando sus puertas, y en su interior hoy se presenta una colorida mezcla de artesanía antigua y moderna. En él puede observarse a los artesanos realizando sus trabajos y comprar regalos como juguetes de latón o monederos de cuero, además de poder adquirir las originales galletas Lebkuchen de Núremberg, famosas en el mundo entero. Los lugareños también muestran su fuerte vínculo con su historia en lo que a su plato culinario preferido se refiere, la salchicha "Rostbratwurst" de Núremberg, cuya venta se ha constatado que se remonta a la primera mitad del siglo XIV. Desde aquella época, se preparan estas sabrosas salchichas en históricas "salchicherías" siguiendo antiguas recetas, por ejemplo en la "Bratwurstglöcklein", cerca del Patio de los Artesanos. Aquí ya compartieron mesa comerciantes y viajeros de todo el mundo, pero también los habitantes, artesanos, artistas e intelectuales de esta ciudad imperial libre, entre los que se cuentan Peter Henlein, Hans Beheim, Alberto Durero o Hans Sachs. Como puede verse, pasear tras sus huellas también puede suponer un placer culinario. Como norma general se puede decir que cualquiera que quiera disfrutar de la historia palpándola, y además aproveche para refrescarse con una cerveza recién servida en una de las numerosas tabernas del casco antiguo, Núremberg resulta todo un placer.

 

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