Augsburgo

Augsburgo: antiguo esplendor y prosperidad.

La ciudad natal de Mozart, Augsburgo, es una de las ciudades alemanas más relevantes desde el punto de vista histórico. Y una de las más hermosas. Quien recorra las antiguas calles de la ciudad, con un poco de imaginación, podrá adivinar sin esfuerzos la importancia que debió tener antaño Augsburgo como centro financiero, metrópoli del comercio internacional y punto de encuentro de las artes en los tiempos de la dinastía de banqueros y comerciantes Fugger.

Durante mucho tiempo, la historia de Alemania y Europa ha dejado su impronta en esta ciudad. Augsburgo siempre ha sido un poco más rica, más esplendorosa y más impresionante que otras ciudades. El conjunto de ostentosas fuentes, respetables casas gremiales, hermosas iglesias y, naturalmente, el Ayuntamiento, quizás el edificio profano renacentista de mayor relevancia al norte de los Alpes, conforman un paisaje urbano de gran magnitud. Aunque las épocas posteriores también han dejado su huella en Augsburgo. Sobre todo hallamos testimonios del Barroco, del Rococó y, muy posteriormente, del Jugendstil, que convierten cualquier paseo por la ciudad en una experiencia inolvidable. Esto ya ocurría antiguamente, incluso en la plenitud del medievo los viajeros quedaban maravillados por los imponentes edificios eclesiásticos, como la Catedral, con sus impresionantes puertas de bronce de más de 1.000 años de antigüedad, y la basílica de San Ulrich y Afra, patronos de la ciudad. El visitante también quedará impresionado por la riqueza de la familia Fugger que, en tan solo tres generaciones, consiguió convertirse en una potencia mundial del capital. El imperio comercial y financiero de los Fugger abarcaba desde el mar Adriático al Mar del Norte, y desde el Atlántico hasta Europa del Este. Jakob Fugger y sus hermanos dejaron como herencia a la ciudad el conjunto Fuggerei, el primer proyecto de vivienda social del mundo, y la Capilla Fugger en Santa Ana, algunos de los primeros edificios renacentistas al norte de los Alpes. A pesar de que Jakob Fugger recaudó una legendaria riqueza, su sobrino le alcanzó de lejos. A mediados del siglo XVI, Anton Fugger era el hombre más rico del mundo. Un buen motivo para despertar la codicia de otros, por lo que Augsburgo se rodeó de grandes emplazamientos militares y de una muralla de la que todavía hoy se conservan muchos restos.

En el interior de esta muralla se asentaron numerosos orfebres que trabajaban el oro y la plata y el gremio consiguió labrarse una excelente fama a lo largo de los siglos. Sus obras se exhiben en varios museos y exposiciones e incluso pueden adquirirse en las numerosas pequeñas empresas que aún existen hoy en día. Otra familia estrechamente vinculada a la ciudad son los Mozart. Leopoldo, el padre de Wolfgang Amadeus, nació en Augsburgo y fue un compositor de renombre. El Festival Mozart de Augsburgo, que se celebra tradicionalmente en el mes de mayo, no solo está dedicado en primera instancia a las conocidas obras de Leopoldo y Wolfgang Amadeus, sino también a su tiempo, la familia, los amigos, los compañeros de lucha y los rivales musicales. Cada año también se celebra el Festival Bertold Brecht, un festival de teatro dedicado al hijo de la ciudad, Bertold Brecht, en ocasiones algo enrevesado pero no por eso menos importante. A pesar de que durante mucho tiempo fue un personaje controvertido y poco estimado en la ciudad, los lugareños ya han hecho la paces con él y le han dedicado una interesante exposición en su casa natal. Otros museos de Augsburgo constituyen un escaparate para ilustrar diversas épocas, en especial el palacio Schaezlerpalais, punto culminante del Rococó, con sus cuatro importantes colecciones de arte. También es típico de Augsburgo el Museo Puppenkiste, un encantador teatro de marionetas y recuerdo de infancia de muchas generaciones. Y por la noche, en una de las numerosas y acogedoras tabernas del casco antiguo, sin duda podrá encontrar a alguien con quien poder conversar largo y tendido sobre el Teatro de Marionetas de Augsburgo, Brecht o Mozart. O sobre el 8 de agosto, el único día festivo del mundo reconocido por el estado que solo se celebra en una ciudad: la Fiesta de la Paz de Augsburgo.

 

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