Coblenza

Coblenza: el "rincón alemán" y el patrimonio más bello de Alemania.

En la confluencia del Rin y el Mosela, en el mundialmente conocido "rincón alemán", se encuentra una de las ciudades más hermosas y antiguas de Alemania: Coblenza. El espectacular marco que rodea la ciudad lo conforman cuatro macizos centrales, los viñedos y los bosques, cuya existencia de más de 2.000 años atestiguan las maravillosas iglesias y palacios, los antiguos caseríos aristocráticos y las magníficas casas señoriales de la alta burguesía.

No solo los romanos apreciaron el magnífico paisaje del Valle Superior del Medio Rin, sino que también la Orden Teutónica y la UNESCOreconocieron la impresionante belleza de este pedacito de tierra, concediéndole esta última el rango de Patrimonio de la Humanidad. Dentro de este patrimonio se incluye también el lugar conocido como "Deutsches Eck", un rincón donde confluyen los ríos Rin y Mosela, bautizado así por los caballeros de la Orden Teutónica. Un lugar cargado de historia, que en 1891 el emperador Guillermo II consideró el más adecuado para erigir un monumento especial que declaraba su profunda gratitud hacia su abuelo, Guillermo I, quien transformó el Imperio Alemán convirtiéndolo en un único Estado. Sin embargo, con la llegada del Imperio Alemán, en 1945 el monumento quedó devastado y en mayo de 1953, Theodor Heuss, el entonces Presidente de la República Federal, ordenó que las ruinas restantes se mantuvieran como símbolo recordatorio de la unidad de Alemania. Finalmente, en 1993 se reconstruyó el monumento y se colocó de nuevo sobre su pedestal, quedando así altivamente elevado un total de 37 metros por encima del Rin y del Mosela. En la actualidad, supone un especial atractivo para los más de dos millones de personas que lo visitan anualmente. Enfrente, en la otra orilla del Rin, destaca la fortaleza de Ehrenbreitstein, el segundo mayor recinto fortificado y mejor conservado de Europa. Desde aquí, y a apenas 120 metros sobre el Rin, se obtiene la mejor vista panorámica de la ciudad. Justo detrás de la fortaleza, se extienden las instalaciones de la exhibición hortícola y de jardinería "Bundesgartenschau" de 2001, convertidas hoy en un famoso lugar de descanso y complejo turístico para celebrar eventos. Asimismo, se conserva el teleférico Gondelbahn que devuelve a los visitantes a la orilla izquierda del Rin, constituyendo así el mejor punto de partida para pasear por el encantador casco antiguo.

Es aquí donde el estilo de vida francés y la tradición germana han creado un biotopo muy peculiar, donde acogedoras vinotecas, una gastronomía entre refinada y contundente y la cordialidad natural anidan particularmente bien. Visitantes de todo el mundo acuden a Coblenza para dejarse hechizar por el encanto de sus estrechas callejuelas, sus románticos rincones o sus acogedoras placitas. Un paseo por el casco antiguo podría comenzar en las Cuatro Torres, nombre que han recibido los miradores de las cuatro casas barrocas que hacen esquina en la intersección central. Los cañones, las banderas, los mosquetones y los cuernos de la Hauptwache, edificio de 1689, recuerdan a los soldados que asumían aquí funciones policiales. El paseo prosigue por la fuente Schängelbrunnen, el segundo emblema de la ciudad, que se levanta en el patio del Ayuntamiento y rememora la época en torno a 1800, cuando Coblenza pertenecía a Francia y se bautizaba a los niños con el nombre de Jean con una frecuencia sorprendente, si bien luego el nombre, dicho en dialecto, se convertía en "Schang" y más tarde en "Schängel". Probablemente hubiera entre ellos muchos niños traviesos, porque la figura de la fuente escupe un chorro de agua a ritmo irregular que sobrepasa el recinto de la fuente. También merece la pena visitar el Emperador Alemán, que no es un monumento imperial a usanza como podría pensarse, sino una torre residencial gótica cuya planta baja hoy acoge un agradable restaurante. Después de una buena copa de vinose podría continuar con un viaje en ferry hacia el Castillo Stolzenfelsculminando así un día perfecto. Tras pasar por el Palacio Electoral se llega a uno de los recintos de la antigua Prusia más notable de la historia del arte y de la cultura. Sin duda, los habitantes de Coblenza cuentan con un sentido especial para el arte moderno, un hecho que queda patente en el museo Ludwig, cerca del Deutsches Eck: aquí la colección se centra en artistas posteriores a 1945 con obras de Pablo Picasso, Jean Dubuffet, Pierre Soulages y Serge Poliakoff. Una maravillosa contraposición: arte moderno en una muralla medieval, clásicos de la modernidad en una encantadora ciudad histórica. Algo que hace que todavía resulte más acogedora cuando se visita.

 

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