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Chemnitz: el descubrimiento de la modernidad.

Probablemente a ninguna otra ciudad alemana le venga tan bien el apelativo de "Ciudad de la modernidad" como a Chemnitz. Así como en la actualidad florece la modernidad industrial, que continúa impulsando el desarrollo dinámico de economía y ciencia en Alemania, Chemnitz simboliza las influencias de esta modernidad cultural y arquitectónica.

Después de quedar casi completamente destruido en 1945, el centro de Chemnitz no volvió a reconstruirse jamás por completo. No obstante, eso no impidió que los dirigentes de la RDA rebautizaran la ciudad con el nombre de Karl-Marx-Stadt. El gran monumento a Karl Marx situado en el centro, de 40 toneladas de peso y más de siete metros de altura, es prácticamente todo lo que quedó de aquella época. Y es muy probable que esta atracción de multitudes, que solo se valora con un euro en la balanza de la ciudad, llegara a disgustar incluso al mismo autor del "El capital". De todos modos, después de la Reunificación, arquitectos de renombre como Helmut Jahn, Christoph Ingenhoven y Hans Kollhoff diseñaron unas estructuras completamente nuevas para el centro de la ciudad. Con la modernidad como principio conductor, la evolución, el movimiento y la innovación constantes confirieron al nuevo centro su aspecto actual: una milla urbana para pasear e ir de compras, con una mezcla entre historia y actualidad muy lograda. Desde la alta torre del Antiguo Ayuntamiento se obtienen las mejores vistas sobre el mercado y más allá de los tejados de la ciudad. El cuidador de la torre del Ayuntamiento, desde 1488 cronista y vigía de la ciudad, recibe a sus visitantes hasta hoy vestido a la usanza tradicional y les guía en un recorrido a través de los siglos de historia de la ciudad. La barroca Siegertsche Haus, el mercado ricamente decorado y los baños municipales, un monumento a la modernidad, mezclados con los pasajes comerciales, la gastronomía, las instituciones culturales y de ocio... todo ello, unido al centro antiguo, conforman un atractivo contraste frente a los edificios de oficinas y residenciales: un centro de ciudad de categoría internacional, galardonado con el premio DIFA (Deutsche Immobilien Fonds AG) para barrios urbanos.

No solo los numerosos e impresionantes edificios industriales, magníficas catedrales de la industrialización, ofrecen un testimonio de los éxitos cosechados por la economía de Chemnitz hasta la actualidad, sino también los edificios residenciales del último tercio del siglo XIX, villas en Jugendstil y muchos edificios públicos y privados de la época de la Bauhaus. Asimismo, el Kaßberg es uno de los distritos más grandes y hermosos de Europa, erigidos después de los años de especulación. Además del interesante centro de la ciudad, los visitantes valoran en particular su vida cultural, con teatros, museos y galerías, la Stadthalle, con numerosos festivales y eventos que se organizan regularmente, por no mencionar los famosos escenarios de variedades como el Cabaré de Chemnitz en el Markthalle y el Cabaré de Sachsenmeyer. De carácter excepcional resulta el museo Gunzenhauser con una fabulosa colección del estilo moderno clásico. Ya el edificio del museo en sí merece la pena ser visitado, la antigua sede de la Caja de Ahorros local, erigida entre 1928 y 1930, es uno de los mejores ejemplos del estilo neorrealista: claramente estructurado, sin adornos ni filigranas. La Kulturhaus DAStietz, unos antiguos grandes almacenes, es una atracción en sí misma que hoy, con el Museo de Ciencias Naturales, la Biblioteca y la Nueva Galería Sajona, se ha convertido en una referencia de primera magnitud para la cultura y la educación. Al mismo tiempo, también resulta muy práctico que a poca distancia se ubiquen numerosos restaurantes, cafeterías y clubes, que ofrecen un abanico de diversiones tanto de día como de noche para los más noctámbulos. Dejarse atrapar por Chemnitz es un placer en todos los sentidos. Y si alguna vez pasa por delante de Karl Max, recuerde: el ser social es lo que determina la conciencia. Y sobre todo en Chemnitz.

Lugares de interés de las ciudades

El personaje que dio a la ciudad su anterior nombre, que desde 1953 y 1991 se denominó Karl-Marx-Stadt, pareciera que en la actualidad observara con cierta melancolía la actividad que se desarrolla en el nuevo centro. El monumento a Karl-Marx, esculpido en granito macizo de color gris por el artista soviético Lew Kerbel e inaugurado en 1971, fue por aquel entonces escenario de desfiles y eventos multitudinarios durante los numerosos días festivos y conmemorativos de la RDA. Se trata del segundo busto al aire libre más grande del mundo, después de la esfinge egipcia.

Desde diciembre de 2007 y con la inauguración del "Museo Gunzenhauser" de las colecciones de arte de Chemnitz, una de las colecciones privadas de arte más importantes se encuentra abierta al público de forma permanente.

El museo acoge la colección del galerista muniqués Gunzenhauser, quien durante muchos años de haber estado coleccionando ha reunido casi 2.500 obras de 270 diferentes artistas. La colección se compone de casi 300 obras de Otto Dix, así como la segunda mayor colección dentro de Alemania de obras de Karl Schmidt-Rottluff, el famoso expresionista de Chemnitz y cofundador de la asociación de artistas "Die Brücke".

Una experiencia sobre el escenario muy particular: el teatro de figuras del Palacio Luxor fascina a todos los visitantes. Dispone de dos escenarios: la gran sala y la pequeña e íntima sala de teatro en el sótano. Las obras van dirigidas a los espectadores más jóvenes, a partir de cuatro años, aunque también los adultos y los jóvenes encontrarán una oferta especial dentro del variado repertorio de la casa, con una puesta en escena realizada tradicionalmente por marionetas, títeres y muñecos con palo especialmente bonitas.

Hace casi 300 años se descubrió en Chemnitz un bosque de piedra – toda una sensación científica y geológica, que ha permanecido siendo un misterio hasta hoy. En el patio de luces del centro cultural DAStietz, se puede admirar esta colección de madera de guijarros petrificada de más de 290 millones de años de antigüedad. La superficie de los objetos expuestos ha sido pulida de forma natural, lo que les confiere una singular belleza. Más información acerca del interesante pasado y la historia de los orígenes del bosque petrificado de Chemnitz la encontrarán en el museo vecino de ciencias naturales.

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