Augsburgo, la encantadora ciudad de Mozart, es una de las ciudades más importantes de Alemania desde el punto de vista histórico. Quien pasea por sus calles puede percibir el gran papel que desempeñó en su día para la poderosa dinastía de banqueros y comerciantes Fugger.

La ciudad irradia un encanto muy especial que la distingue de otras ciudades. Por todas partes se encuentran magníficas fuentes, venerables casas gremiales, impresionantes iglesias y el imponente ayuntamiento, que juntos conforman un paisaje urbano único. Augsburgo también debe su fascinación a épocas posteriores: sobre todo los edificios barrocos, rococó y art nouveau hacen que un paseo por la ciudad sea una experiencia inolvidable. Ya en la Alta Edad Media, los visitantes se maravillaban con la catedral, con sus puertas de bronce de casi 1000 años de antigüedad, y con la basílica de San Ulrico y Santa Afra. Igualmente impresionante era la enorme riqueza de la familia Fugger, que en solo tres generaciones se convirtió en una potencia financiera mundial.

Augsburgo también está estrechamente relacionada con los Mozart. Leopold, el padre de Wolfgang Amadeus y él mismo un importante compositor, nació aquí. El festival anual de Mozart, que se celebra en mayo, conmemora este vínculo. Otra particularidad: la ciudad estuvo rodeada en su día por una muralla continua. Dentro de estas murallas se instalaron numerosos orfebres y plateros, cuyas obras de arte pueden admirarse hoy en día en museos o adquirirse en pequeños talleres

Augsburgo también ofrece perspectivas fascinantes para los amantes de la tecnología. La ciudad es conocida por su singular sistema de gestión del agua, con torres de agua, centrales hidroeléctricas y fuentes artísticas, que ha ido creciendo a lo largo de los siglos y que en 2019 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Después de un día lleno de experiencias, nada mejor que relajarse en uno de los acogedores bares del casco antiguo y brindar por el día.

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